Buenas noches gente... Hoy voy a compartirles un cuento que me toco escribir para una competencia por un viaje a Ámsterdam, Holanda. Espero que les guste.
Soy
Samay, tengo once años, vivo en Ámsterdam, capital de Holanda, necesitaba
comenzar a escribir para contar esta dura y cruel historia que me tocó vivir.
Estábamos en junio
de 1933 cuando todo cambio, mi vida paso a ser otra, recuerdo
perfectamente que era un 23 de Junio,
una mañana, fría, cálida, oscura, afuera había un viento imparable, el día
estaba demasiado feo; pero debíamos afrontarlo y debíamos comenzar; estábamos
desayunando en familia, papa Barak, mama Amira, mi hermano mayor Noam y yo;
para que luego mi madre me llevara al colegio, como todos los días. Al
final del desayuno, golpearon la puerta muy bruscamente, era nuestro vecino, el policía, con el único que teníamos contacto desde que
habíamos llegado allí a ese lugar. Mama abrió
la puerta y rápidamente se le llenaron
los ojos de lágrimas. Rápidamente pregunté en la mesa que sucedía, papa y Noam
cruzaban muchas miradas y ninguno respondía. Me acerque a mama, y la abrace,
ella me sujeto muy fuertemente y me conto que quien había ido era Yedid,
nuestro vecino, y le había contado que había alerta, ya que Nazis habían entrado
al barrio y no sabían en busca de que, solamente que nos cuidáramos.
Yo no entendía
nada, ni sabía que significaban Nazis. Le pregunté a mamá y me negó la
respuesta, solo me dijo que fuéramos a recoger la mochila que se hacía tarde
para el colegio.
Fui hasta mi
habitación, busque mi mochila, termine de prepararme y baje a la cocina.
Mama estaba en la
mesa con Noam y papa, cuando yo llegue se produjo un inmenso silencio, lo único
que ella me dijo es “Vamos hijo que no llegamos”, salude a papa.
Estábamos
prácticamente saliendo del garaje, en la vereda de casa había un tapial muy alto que no te dejaba ver hacia
alrededores; cuando en eso con mama, vemos que se abre el segundo portón, y
entraron dos autos muy lujosos. Con mi madre nos miramos y no sabíamos quiénes
eran esas personas de vestimenta verde, pero bueno, papa estaba en casa y
deducimos que él podría atender perfectamente.
Finalizo mi día
escolar, mama fue a buscarme al colegio; cuando subí al auto me dijo:
-“Cuando lleguemos
a casa, recogerás un poco de ropa y debo llevarte a un campo. Luego pasare por
ti a recogerte”.
¿Luego de que mama?
Le pregunte
Tuve que guardar
mucha ropa abrigada, porque no tenía idea de a donde me llevarían, mama me dijo
que a un campo; así que deduci que habría muchos animales, que podría andar en
caballo, divertirme, y quizás porque no, conocer un amiguito nuevo.
Llego el momento de
mi partida, papa, mama y Noam me llevaron hasta la estación.
Llegó un tren, y
mama me dijo:
“deberás subirte Samay”, solamente la mire, tenía sus ojos llenos de
lágrimas, papa miraba para otro lado y no lograba verle su rostro, Noam estaba
con su cara de siempre.
El tren partió, me senté
del lado de la ventanilla, y logre ver a papa, lloraba desconsoladamente. Quise
bajarme. Me dirigí al chofer, y me respondió:
“ve a sentarte
niño” con un tono muy violento.
Obedecí, fui a mi
lugar y los salude con mi mano, les tire un beso, sin saber que era el último
para mamá.
El tren comenzó a
andar y aplasté la nariz contra el cristal para ir contando las vacas
que veía en el campo, imaginándome que esa iba a ser mi vida durante unos días,
hasta que mama me recogiera nuevamente.
Al llegar al campo, el chofer nos hizo bajar a
todos, nos dijo que nos mantuviéramos en
silencio y en orden. Todos obedecimos.
De mi parte no era nada de lo que yo imaginaba,
no había ni un solo animal, lo único que podía distinguir era un campo enorme,
cercado con alambre que tenían unas puntas que asustaban, con dos galpones demasiados grandes, y
también veía que había mucha gente con cara de sufrimiento y trabajando con
cosas demasiado forzosas.
Nos dividieron en grupos, recuerdo
perfectamente que a los otros niños les dieron una muda de ropa verde militar,
y a nosotros nos tocó una muda rayada; verde y blanca. También nos dividieron
de galpón, el que me tocó a mí era espantoso, no tenía nada de luz, una cama
estaba encima de otra, y allí dentro, hacia un frio tremendo.
Fuimos a comer, allí nos dieron un tazón de
leche caliente. Tenía nata, pero yo no dije nada. No estaba allí mamá para
retirármela. Se acercó la
hora de dormir, yo necesitaba algo muy importante que era el beso y el “buenas
noches” de ella.
Llegamos a la habitación, me ordenaron cual era
mi cama, me acosté. El señor que tenía al lado lloraba desconsoladamente; le
pregunte que le pasaba, me negó su respuesta… Paso un rato y el continuaba
haciéndolo, lo obligue a que me diera una respuesta, me respondió entre un mar
de lágrimas… lo único que alcance a entenderle fue:
“Estamos en un campo de concentración Nazi”
-“Nazi”, la palabra que me había dicho mamá. Recordé
que ella también lloraba cuando me dijo eso, trate de deducir que pasaba, en
donde me habían metido.
Me levante rápidamente, quise salir corriendo,
y en la puerta del galpón se encontraba un hombre demasiado grandote, y me
dijo:
-¿A dónde te piensas que vas mocoso? Es hora de
dormir.
Lo mire, y no supe cómo reaccionar, agache la
cabeza y volví a ingresar.
Tenía miedo, estuve un buen rato llorando, no
pude dormir en toda la noche. Al día siguiente nos fueron a buscar para que nos
bañáramos, nos dijeron que debíamos ingresar todos juntos, la verdad, ya no
entendía mas nada.
Fuimos a desayunar, había miles de personas
dando vueltas por allí, controlando
todo. En eso distinguí a papá, con un traje verde, armado, tan idéntico
como el hombre que había ido en su auto
muy lujoso a casa una vez, llegue a pensar que era un sueño, que papa no podía
estar en ese lugar.
Todos comenzaron a correr, yo debía seguir a mi
grupo. Nos agarraron un grupo de estas personas armadas y nos arrojaron a un
camión todos amontonados, a gritos.
Minutos más tarde, el camión repleto de niños
freno, bajo 2 de mis amiguitos y continúo, todos desconocíamos totalmente el
lugar.
Mi mente había madurado en esos días que no
tenía a mama a mi lado, supuse que nuestra separación había sido para siempre,
que la última vez que iba a verla fue en la estación, con sus ojitos llenos de
lágrimas. Sí, lo sé. Ya lo entendí todo.
Ese 23 de junio fue la última vez que vi a mi
familia completa.
Estoy esperando.
¿Vendrá mamá a recogerme como me lo prometió?
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